Juan Jacobo Rousseau: Apasionado de la educación y naturaleza

Texto por: Cecilia Diego

Juan Jacobo Rousseau sobresale entre los pedagogos modernos por su fascinación con el desarrollo observable del niño, su interés en el rol que la naturaleza juega en la educación, y sus ocurrentes diseños de intervenciones pedagógicas dentro de la vida cotidiana. Su vehemente interés por el aprendizaje es palpable en su legado como autor, pero también en la manera que elige vivir su vida. Siempre se mostró como un hombre crítico y reflexivo, siempre amante de la naturaleza, pero sobre todo, siempre abierto a las lecciones informales de las cuales derivaba sus más placenteros conocimientos.

Su escrito sobre la educación, titulado Emilio o De la educación,1 identificó barreras a la educación en 1762 que aún hoy seguimos intentando desmantelar. Las páginas de este libro resuenan con la inigualable pasión que Rousseau sentía por la educación vernácula. La publicación del Emilio coincide con la aceleración del sistema escolarizado en el mundo; y sin embargo, de haber sido mejor entendida su obra, podría haber sido reconocido históricamente como un precursor a la educación desescolarizada en vez del pedagogo que inspiró -en parte- el movimiento de la escuela nueva.

Aunque su tratado se encuentra enraizado en creencias y consideraciones culturales tan arraigadas que no podía ver él mismo, y tan distintas a las actuales que no podemos ni debemos cegarnos a esta limitante histórica (un marcado machismo y elitismo que hoy pensaríamos de muy mal gusto), las casi quinientas páginas que escribió ofrecen al lector uno de los más ricos objetos de reflexión sobre la educación fuera de las instituciones educativas (que en su tiempo habrían sido las escuelas, pero también instituciones religiosas como los conventos o beneficencias), y la propuesta de una educación libre de las ataduras de las sociedad. Es una propuesta única que cuestiona la rigidez, la eficiencia, y la utilidad, cuando la industrialización comenzaba a acelerar el monopolio2 de las escuelas como la única alternativa para el aprendizaje.

Rousseau llama primeramente a la madre y al padre a encargarse de la educación de sus hijos. Dedica su escrito a las madres que querrían asumir tan importante tarea. Empero, desafortunadamente, se convence que ningún padre ni madre francés de la época querría encargarse de la educación de sus hijos, por lo

que decide redactar su libro en torno a un relato ficticio donde detalla la relación entre Juan Jacobo, el preceptor, y Emilio, su alumno. Aunque el énfasis ya no es puesto sobre la relación padre- hijo, el análisis que propone, no pierde su valor, y es ejemplar para aquellos que buscan educar fuera de las instituciones establecidas. Su libro, y su teoría, son en el fondo, una crítica a la educación dentro de un sistema cultural que ignora su carácter arbitrario; el aprendizaje dentro de la naturaleza y fuera de las principales instituciones de la época fue un rompimiento total con las ideas que hasta su tiempo se tenían como conocimientos incuestionables en materia pedagógica.

En las primeras páginas de su libro reconoció tres agentes en la educación: las personas, la naturaleza y las cosas. El aprendizaje derivado de la naturaleza, sin embargo, tomó un rol esencial dentro de su teoría; y para nosotros hoy en día puede servir de gran inspiración. Entre otros postulados sobre el poder educativo de la naturaleza, Rousseau predicaba una cercanía inmediata del niño a ésta. Emilio viviría en una población aledaña a un bosque, y realizaría la mayor parte de su instrucción en él. El preceptor diseñaría lecciones de astronomía, geografía y ciencias naturales en torno a la relación de Emilio con las vivencias cotidianas que experimentaría al pasar tiempo en el bosque. Es menester notar que aunque utilizaría prácticamente todas de las situaciones que se presentaran para aprovecharlas y convertirlas en lecciones, el preceptor también dejaba que la inmersión misma llevara al niño a desarrollar la curiosidad. Es así que no siempre se aventura al bosque con un plan en mente, sino que observando al niño, le dejaba simplemente ser y relacionarse en y con la naturaleza. Además de apreciar esta convicción de Rousseau en su libro Emilio, podemos ver como el filósofo mismo, en sus últimos años de vida, disfruta de sus paseos diarios por las praderas cercanas. En estos paseos está siempre dispuesto a ver con atención las lecciones que la naturaleza le estará brindando.

Tomando como modelo la pedagogía de Rousseau podemos diseñar excursiones educativas en áreas naturales cercanas a nuestros hogares: un parque, una zona arbolada, un bosque, inclusive la playa o un desierto cercano. Para optimizar los aprendizajes que se puedan desenvolver, habría que diseñar estrategias que empleen los recursos que se encuentran en estas zonas, pero también designar una buena cantidad de tiempo para que el aprendiz camine y observe con mínima intervención, dando lugar a que la naturaleza encarne el rol de agente educativo o maestro. Los aprendizajes que se tendrán serán completamente espontáneos y contingentes a las conexiones entre los conocimientos del niño y el mundo natural que en ese momento le rodean.

En su último libro Las ensoñaciones de un caminante solitario3 Rousseau describe su propio aprendizaje en la naturaleza, y así, se pone a él mismo en el rol de estudiante, contando sus travesías y cada una de las lecciones aprendidas, sin la necesidad de utilizar un ser ficticio para comunicarnos cómo es que se aprende directamente por el contacto con la naturaleza. Pasear y aprender de la naturaleza es un placer tan grande para él, que así pasa sus últimos días, demostrando una pasión no sólo plasmada en papel, sino encarnada en sus practicas personales y recomendada por experiencia.

Referencias

1 J.J. Rousseau, Emilio o De la educación (México: Editorial Porrúa, 2015).

2 Para aprender más sobre el monopolio radical de la escuela sobre la educación ver Ivan Illich, La convivencialidad en Ivan Illich Obras Reunidas I (México: Fondo de Cultura Económica, 2015).

3 J.J. Rousseau, Las ensoñaciones de un caminante solitario (España: Alianza Literaria, 2008)

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