Pasión por aprender

Texto por: Jorge Sigler

El hecho de aprender es una acción que sucede de manera constante y que lamentablemente, al paso del tiempo pierde valor por los esquemas arquetípicos en los que se ha ubicado. Aprender pareciera parte de las obligaciones que se tienen cuando se es niño. Esta visión ha bloqueado las oportunidades de crecer al momento de aceptar que no sabes nada, ya sea por el acto de rebeldía o por el acto que conlleva la vergüenza.

Las escuelas han dado más valor a aquello que se alinea a un plan de estudios que es irrelevante para una generación hambrienta de conocimiento. Los niños quedan en las aulas mirando por la ventana, imaginando las posibilidades que encierra el universo, a veces levantan la mano y preguntan algo que el maestro ignora por falta de interés, imaginación o renovación. El niño aprende pronto que hacerse escuchar y pensar diferente es inadecuado y comienza a callar.

Las mejores notas las saca quien cumple con las expectativas del maestro. Las malas calificaciones se entregan con pluma roja y hay una reprimenda en casa por haber fallado. Es así, que conforme crecen los niños, la curiosidad se adormece. Tras las palizas y los señalamientos, los chicos son condicionados a responder lo que el otro espera escuchar.

La pasión por aprender es un acto de rebeldía; es el camino de aquellos soñadores, de aquellos que siguen dando la batalla, de aquellos que han sido derrotados y a que pesar de los tropiezos se han vuelto a levantar.

Este mundo ya tiene suficientes buenos doctores, buenos abogados, buenos políticos… pero hace falta gente asombrosa. Gente extraordinaria que se distancie de la medianía dando el extra de su curiosidad y empeño. Hace falta gente con el coraje creativo y sin miedos doctrinales, para proponer, diseñar, crear y revolucionar las viejas ideas. Hace falta jóvenes que no busquen su identidad en viejos moldes, que evolucionen su generación a través del mundo de las ideas… de sus ideas. Hace falta pensadores sin estigmas, con el corazón hambriento de historias y los ojos altamar.

Como papás aprendamos que la diferencia es su mejor talento; uno que sucede doloroso, pero que retribuye mejor que ningún otro. Aceptemos, valoremos y acompañemos la aventura de los héroes que se atreven a cuestionar y a cambiar el mundo. Dejemos que su curiosidad los lleve a explorar; acerquemos a sus pies el camino que a su corazón haga latir. Vibremos con ellos por el mundo que descubren. La compañía de nosotros es cobijo, la fuerza que necesitan para aprender a ser.

¡La pasión por aprender sucede con los inconformes, aquellos que piensan que las cosas pueden ser diferentes!

¡La pasión por aprender sucede al descubrir todo cuanto pueden ser!

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